Artículo de opinión de Juan Ignacio Lopéz-Bas publicado en el diario La Verdad 4 de abril de 2016
Ya lo he dicho en otras ocasiones: en Orihuela deberían destacar a algún equipo de estudiosos del fenómeno político para observar lo que pasa, analizar circunstancias y adelantar conclusiones. Tenemos nuestros matices, es cierto y lógico, pero no me negarán que hace ya tiempo que en Orihuela venimos experimentando todas esas cuestiones que a otros niveles (autonómico y hasta nacional) hemos empezado a ver sólo recientemente.
En esta ciudad tenemos un PP machacado por la corrupción política que se ha tenido que poner las pilas, o mejor dicho, al que se las han tenido que poner empujando desde fuera, para hacer limpieza en casa, con el coste de perder mayorías que parecían intocables, y enfangado aún en luchas internas por el reparto de un botín político cada vez más exiguo. Un PP que parece haber perdido, además, esa baraka o suerte providencial (flor en el culo, que dirían algunos), porque la Ley de Murphy es inexorable, y a más veces que la tostada caiga de la mesa, más veces caerá con el lado de la mantequilla hacia el suelo.
Tenemos también a ese PSOE intentando aún llegar a algún sitio y mantener a flote un discurso reivindicativo a la par que recordatorio de sus propias carencias y defectos anteriores, que reclama que se haga lo que ellos no hicieron y que vive de un supuesto muy mejor resultado electoral (porque 7.450 votos del 2015 son, se pongan como se pongan, 319 votos menos que 7.769 del 2011). Un PSOE asustado porque no come por el centro lo que le comen por la izquierda los que los tildan igualmente de casta acomodada que gobernó como los anteriores: dejando que las cosas simplemente pasaran.
Y para analogías en Orihuela sobre lo que pasa en otros sitios, la moda de confluir y no militar, plataformas en lugar de partidos, decisiones asamblearias frente a democracia representativa, y revisionismos como excusa para no hacer nada nuevo realmente. En esto se mueven, dentro y fuera de la institución municipal, las nuevas fuerzas de presente de indicativo o imperativo (Cambiemos, Podemos, Ganemos …) que son capaces de olvidar aquí la represión política de Miguel Hernández o de mantener a Franco en sus honores y distinciones en Orihuela si el resto no entramos a su juego de mantener viva una Guerra Civil que terminó hace más de 75 años y una dictadura que murió hace más de 40. En una palabra: que quieren desfile sólo si ellos tocan el tambor, porque el franquismo sólo lo pueden rechazar ellos y porque el poeta oriolano nadie más que ellos para llorarlo y admirarlo. Son, al fin y al cabo, herederos de esa política bocachancla del apocalipsis, la que condena sin juicio ni pruebas. La legitimidad de los puros, vamos.
A los que hacemos este diagnóstico y ofrecemos abiertamente colaborar para dar solución a los problemas, hasta donde podamos o sepamos llegar, porque somos tan torpes o tan listos como el resto, a los que nos jugamos nuestro posible interés político a corto plazo por buscar alternativas más allá de unas elecciones, sean cuando sean y sin perjuicio de los sondeos, nos llaman «poder en la sombra» o «manipuladores» cuando, curiosamente, nada de ese fin del mundo que se anuncia ha pasado o parece que vaya a pasar. Somos maravillosos cuando coincidimos, por ejemplo, en reformar cómo se articula la participación ciudadana en los plenos municipales, pero somos demonios emplumados cuando ponemos cordura y sensatez ante los discursos incendiarios si creemos que los fines son esenciales y los argumentos falaces, como, por ejemplo, condenar el franquismo sin reconocer el valor de la Transición democrática vivida en España y reabriendo un conflicto de nuestros padres y abuelos que ellos mismos cerraron.
Esa ha sido la situación del último Pleno municipal en Orihuela: la de jugar a ver tú dónde te escondes. Pero este juego no lo ha empezado Ciudadanos. Lo han empezado quienes, como un niño caprichoso, dejan de respirar si no les hacen caso, que creen que todos somos malos porque no somos ellos, aunque si les conviene, a veces somos perfectamente respetables y aquí lo que ha habido no es más que un malentendido …
Cada vez que el PP se equivoque gobernando en Orihuela, recuerden que gobierna porque alguien quiso ser alcalde después de afirmar que no estaba preparado para ello. Pero en fin, otros hay que han renunciado ya a vicepresidencias en España que reclamaban como derecho divino y hasta quienes dejarán de ser candidatos. Nada nuevo bajo el sol. Y menos en Orihuela.
